El transporte de carga refrigerada y congelada exige un control térmico riguroso desde el momento de la carga hasta la entrega final. Romper la cadena de frío, aunque sea por periodos cortos, acelera la descomposición bacteriana, altera la textura de los alimentos y provoca pérdidas económicas significativas.
Rangos térmicos recomendados por tipo de producto
Cada mercancía perecedera requiere una atmósfera térmica controlada específica para conservar su frescura e inocuidad:
- Lácteos, quesos y derivados: Deben mantenerse de forma constante entre 2 °C y 4 °C para evitar la fermentación prematura.
- Carnes rojas y aves frescas: Rango óptimo entre 0 °C y 2 °C.
- Pescados y mariscos frescos: Mantener entre -1 °C y 1 °C, preferiblemente con lecho de hielo escamado complementario.
- Productos ultracongelados y helados: Requieren temperaturas estrictas de -18 °C a -22 °C para evitar la formación de cristales de hielo que dañen la consistencia.
- Frutas y verduras frescas: La mayoría viaja óptimamente entre 8 °C y 12 °C (evitando daños por frío extremo que quemen la piel del producto).
Factores clave durante el flete
- Pre-enfriamiento de la unidad: El furgón debe alcanzar la temperatura de consigna antes de comenzar a estibar los productos.
- Circulación del aire: No se debe bloquear la salida del evaporador ni sobrepasar las líneas de carga máxima en paredes y techo.
- Monitoreo continuo: Es fundamental contar con registradores térmicos que certifiquen el historial de temperatura durante toda la ruta.
